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La comunidad Latinoamericana,
Indígenas y Africanos descendientes que viven en el Canadá
es una comunidad relativamente nueva. Venimos de mas de 23 países
y tenemos diferentes raíces etno-raciales y niveles de educación,
provenimos de diferentes clases sociales, hablamos diferentes idiomas.
Somos, pues, una comunidad muy heterogénea.
Las mujeres de nuestra comunidad reflejan la diversidad de la comunidad en general.
La participación de la mujer en los movimientos sociales esta relacionada con los continuos trastornos sociales que han tenido lugar en América Latina en general. Las mujeres han optado o se han visto forzadas, debido al contexto polĖtico, a convertirse en activas participantes en las luchas que han tenido lugar en varios paĖses desde los años 60.
Estas mismas condiciones de persecución política y miseria obligaron a la gente a emigrar o huir a otros países. Enfrentando este nuevo desafío, las mujeres continuaron dando fuerza y cohesión a sus familias, preservándolas así de la desintegración. Mas importante aun, las mujeres presionaron por y/o se involucraron en la creación de servicios sociales que respondieran a las necesidades particulares de las comunidades recién llegadas.
Las mujeres Latinoamericanas han contribuido enormemente al bienestar social y económico del Canadá. Su contribuci
ón se ha plasmado a través de su trabajo en las fabricas, guarderías, en la industria de servicios y en las innumerables agencias que proporcionan servicios legales, de salud y sociales a la comunidad, así como a niveles gubernamentales.
Sin embargo, un gran numero de mujeres Latinoamericanas ve limitada su participación en la sociedad canadiense debido a que necesitan cuidar de sus familias, se encuentran aisladas y no pueden mejorar el Inglés u explorar otras oportunidades laborales y educativas.
De esta manera, las mujeres Latinoamericanas se han mantenido trabajando en puestos frontales y organizaciones de base, dentro de los limites de su comunidad, y raras veces aspiran, o tienen acceso, a la corriente principal de la sociedad canadiense y a un mayor activismo en ese contexto. Barreras claramente sistémicas y sistemáticas, tales como el racismo, el sexismo, el clasismo y la discriminación, han impedido que las mujeres Latinoamericanas puedan hacerlo.
Indiscutiblemente, estas mismas barreras estón también presentes en la constitución interna de nuestra comunidad. De hecho, la respuesta típica de la comunidad inmigrante y exiliada ha sido crear su propio ghetto, como una manera de protegerse y de hacer frente a las dificultades que enfrentaban. Sin embargo, hemos sido lentos al analizar como las diferencias internas han contribuido a nuestra marginalización de la corriente principal. Parecería ser que, al asumir una cierta cohesión, ya sea impuesta por el Estado canadiense o por nuestra propia sobre vivencia, hemos sido incapaces de cuestionar nuestras propias barreras internas.
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